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Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad..., que cantaban los boticarios en La verbena de la paloma. Y no deja de ser verdad. Una de las maravillas de nuestro tiempo es que podemos plantarnos en el lugar más recóndito del mundo con muy poco esfuerzo. Por ejemplo, viajar en el sentido más puro del término a uno de los pueblos chinos que está a punto de ser anegado por la gigantesca presa de las 3 Gargantas y hacerlo sin más coste que un pequeño desplazamiento al cine Verdi, en el corazón del barrio barcelonés de Gràcia.
Ésta es a mi juicio la principal virtud de Naturaleza muerta, la película de Jia Zhang-Ke que se está proyectando estos días. El film nos transporta a una sociedad que está viviendo un drástico cambio de códigos, lo que subrayaría además el hecho de haber elegido como escenario temporal y físico el momento en que un pueblo del interior chino está preparándose para quedar sumergido en la citada presa. Y lo hace con un retrato muy minucioso de personajes, comportamientos y formas de vida.
Es difícil que un viaje turístico nos pueda enseñar lo que lo hace esta película acerca de los contrastes que desgarran hoy a la sociedad china, en la que conviven, a modo de ejemplo, compra de esposas con hábitos tan occidentales como los de la enfermera bebiendo continuamente de una botella de agua. Un buen film, algo lento a veces, de una fotografía poderosa y en el que a veces el afán documentalista se impone a la potencia de la historia que quiere contar. |