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Little Miss Sunshine y Quiceañera son dos buenas películas, que aún pueden verse en las carteleras de Barcelona. La primera es una propuesta dura, porque duro es el tema que aborda. Una niña aspira a participar y ganar un concurso de belleza infantil a los que tan acostumbrados son en los Estados Unidos, pero esas ansias de ganar chocan con una familia de "perdedores": un padre que se dedica a vender fórmulas de éxito entre auditorios de mala muerte y que como último clavo ardiendo se agarra a la posibilidad de publica un futuro best seller; un tío homosexual que ha de estar siempre acompañado para evitar que se suicide; un hermano que se niega a hablar; un abuelo machista aficionado a la heroína... Contra viento y marea, la pequeña consigue involucrarlos a todos en su reto, prácticamente lo único que queda que les pueda unir. El retrato resulta tan preciso, que rezuma veracidad por los cuatro costados, lo que a priori resultaba una tarea difícil por los personajes tan caricaturescos que participan.
La segunda, Quinceañera, retrata otro trozo de la sociedad norteamericana, en este caso en el mundo hispano de Los Ángeles. Los directores y guionistas contraponen los códigos de un barrio latino en transición con los de un par de jóvenes wasp. De ese choque nacen algunas de las escenas más brillantes de este film que nos acerca un poco más a tensiones clasistas y raciales a las que debemos ir acostumbrándonos. |