 Peliculón, de los que dejan un buen regusto que saborear muchas horas después de que pongan el fin a las imágenes.
The Queen es una película de Stephen Frears, que ya es decir muchas cosas. Por ejemplo, cine de actualidad, con personajes compactos, perfectas recreaciones, precisión en el relato, etc. Luego, está interpretado en el papel de la reina por Helen Mirren, que la clava, y a quien en estos momentos casi todo el mundo la pone como ganadora de los próximos Oscars.
Y, además, es una película sobre unos hechos muy recientes y cuenta con un magnífico guión (Peter Morgan) , no sólo por los diálogos, sino también por cómo está concebido, como separa el grano de la paja y selecciona los momentos claves.
The Queen narra los días de la muerte en accidente de tráfico, mientras huía de los paparazzi, de Lady Di, y cómo en esos días se produce un colapso de la monarquía que ante la confusión intenta aplicar recetas ortodoxas más propias de décadas anteriores, cuando los medios no existían o al menos no eran tan masivos como actualmente y capaces de modelar mitos y sensaciones masivas.
Frente a esa monarquía anquilosada, recluída en su residencia de Balmoral que se aferra a que la muerte de Diana es “a private matter”, pues ya no pertenecía a
la Casa Real , está un reciente ganador de unas elecciones generales, el laborista Tony Blair, quien acaba de arrasar en los comicios con consignas como que hay que modernizar el país y sus instituciones.
Todos los personajes presentes están ahí, con unos papeles perfectamente definidos: el marido de Isabel, Felipe de Edimburgo, autoritario y reaccionario; la madre de Isabel, con su vaso de ginebra, y igualmente partidaria de aguantar, convencida de que las aguas volverán a su cauce; un príncipe Carlos, dubitativo, incapaz de enfrentarse a su madre, pero que intenta en cuanto puede tender lazos con las ideas más modernas del gobierno; el secretario de la reina, partícipe en principio de las mismas ideas pero que va evolucionando ante lo inevitable: asiste por televisión a la llegada del féretro de Diana, impasible, distante, mientras que el personal a su servicio está con las lágrimas en los ojos.
En el otro lado, Blair y su círculo más íntimo: su secretario de prensa, Alistair Campbel, brillante; su esposa, Cherie Blair… Todos ellos regocijándose del hundimiento del sentimiento monárquico en las encuestas de opinión, pero a los que se acaba enfrentando el propio Blair, cuando decide, tras analizar el creciente desprestigio en que está cayendo la corona, que esa situación no lleva a ningún sitio y que lo que hay que hacer es ayudarla a que entienda que los tiempos han cambiado y debe tener un comportamiento más cercano a los sentimientos populares y menos formal.
El enfrentamiento ideológico entre Blair y la reina está perfectamente retratado, como lo están las dudas de la reina y cómo presionan los entornos sobre cada uno de ellos.
En definitiva, una muy buena película y una magnífica noticia que haya cine político actual, de buena factura.
|