Esta empíricamente demostrado, no hay peor sordo que el que no quiere oír, ni peor ciego que el que no quiere ver. Esto lo sabe bien el conseller Castells, una de las mentes más preparadas que conozco, con una calidad técnica impecable, una concepción intelectual potente y un discurso político razonable y dialogante.
La pregunta es: ¿Por qué con este perfil es tan difícil llegar a acuerdos con sus interlocutores? tal vez, por la racionalidad de sus planteamientos ya que, sin duda, es más sencillo liquidar de un plumazo, con un recurso al Constitucional, todo un plan Ibarretxe y además da réditos políticos, que afrontar serena y racionalmente un asunto como la financiación autonómica desde el rigor económico perfectamente objetivo y mesurable.
Si dejamos de hacer malabarismos dialécticos, podemos decir abiertamente que España es una concepción nacional en su envoltorio y una realidad federal en su contenido económico. Mantener la ficción de los años de la transición, 30 años mas tarde y en pleno siglo XXI, donde todas las coordenadas políticas, sociales y económicas han cambiado radicalmente, es no saber leer el futuro.
El crecimiento de la economía mundial se esta produciendo porque los países que antes eran objeto de subvención, ahora denominados emergentes, por los países desarrollados han empezado a producir valor añadido y a explotar sus recursos de manera más productiva y eficiente. Ello ha redundado en un crecimiento del PIB global beneficiando a todo el conjunto. Queda camino por recorrer, sin duda, pero la senda esta trazada y ahora es irreversible, Asia ha despertado y en poco tiempo lo hará África. Todo será más complejo pero también más racional y equitativo. La lucha se centrará en distribuir la riqueza generada y no compitiendo en ranking de solidaridad.
España esta en una encrucijada histórica, o seguir manteniendo la ficción de un envoltorio nacional, o abordar abiertamente y sin miedo la plena realización de cada uno de sus territorios trabajando para explotar sus singularidades, generando valor añadido, incrementando sus PIB, obteniendo mayor eficiencia de sus recursos humanos y de sus materias primas básicas. El resultado será, sin duda, un crecimiento del conjunto derivado de la aportación de cada una de sus partes y la discusión se centrará en como cada parte aporta proporcionalmente su riqueza al mantenimiento de los servicios comunes y al sufragio del Estado del Bienestar.
Los nacionalismos no se pueden definir por el poder del dinero que tengan en la cartera o, de otro modo, por tener el poder económico no puedes declararte nación. Mezclar los dos conceptos distorsiona el discurso de fondo. Primamos el crecimiento económico, la creación de riqueza y empleo, y ello se genera en los territorios, redundando en beneficio del conjunto, o por mantener la ficción España dejamos creer que el que tiene más recursos es más nación. Sin duda tema espinoso y complejo, pero de la resolución final todos saldremos beneficiados o perjudicados. Estoy seguro que estas tribulaciones están en la cabeza del conseller Castells.