Hace ya algún tiempo que cerramos un ciclo de elecciones, municipales, autonómicas y generales. Atrás han quedado las promesas de yo doy más que tu y además un huevo duro, todas ellas duermen en la galeria de las hemerotecas. Ahora nos enfrentamos a la tozuda realidad, por cierto, perfectamente conocida por todos los sectores económicos ilustrados, al menos desde Agosto de 2007.
Los datos son concluyentes; crecimiento del PIB del 1,5% y bajando, inflación del 4,6% y subiendo, tipos de interes al 4% y esperando una subida del 0,50%, el euribor al 5% y subiendo, con el agravante de que éste es el utilizado para la revisión de las hipotecas, costes energéticos disparados y sin perspectivas de que bajen, restricciones financieras que limitan el accesos al crédito y un dolar infravalorado que esta perjudicando nuestras exportaciones. Esto no es una crisis pasajera, es un cambio de escenario económico en todo el mundo que va a condicionar como nos posicionamos para afrontar el futuro.
Ante esto no cabe la técnica de poner la cabeza debajo del ala y ya escampará. Es imprescindible abordar la situación desde el liderazgo, sólo gobernando no se solucionarán los retos que debemos afrontar. Liderar requiere autoridad moral para explicar a la sociedad, con transparencia, la situación que tenemos, es decir que estamos ante un cambio de modelo económico y productivo a escala internacional que requiere un tratamiento estratégico y no coyuntural. Debemos revisar, con rigor, todo nuestro mapa legislativo y desburocratizarlo, abrir en canal nuestro sistema fiscal y reordenarlo,marcar un calendario solvente para abordar todo nuestro mapa de infraestructuras, viarias, ferroviarias, aereoportuarias, energéticas, hidricas, tecnologicas y los servicios de las administraciones públicas. Hay que liderar un gran consenso con toda la sociedad; empresarios, sindicatos, universidades y centros de actividad económica y social para que todos rememos en la misma dirección y propongamos los objetivos estratégicos de los próximos 20 años.
Estoy convencido que la sociedad estará a la altura de las cirunstancias, como siempre lo ha estado, y procesos de esta naturaleza ya los hemos tenido en el pasado, recuerdan, por citar, los pactos de la moncloa, los planes de reconversión industrial, la convergencia europea y la integración monetaria al euro, todos saldados con éxito, pero en todos hubo liderazgo consistente, rigor en la aplicación y el máximo consenso.
Los actuales dirigentes políticos deben aparcar el cortoplacismo, las estrategias de el poder por el poder, las diletancias en la toma de decisiones y los discursos ampulosos vacios de contenido, para ejercer la responsabilidad de liderar este proceso con la humildad, clarividencia y sentido de la historia que es exigible a todo el que se precie de ser un servidor público. Gobernar, gestionar y administrar, hoy, sólo es condición necesaria, pero liderar y ser un estratéga deviene en imprescindible y urgente.