La llegada a la Casa Blanca del nuevo presidente de EEUU puede suponer una entrada de aire fresco en una habitación que ha estado bastante cerrada, con olor a rancio, y donde las decisiones que se han tomado no han resuelto las demandas que nuestro tiempo requiere.
No se avanzó en conseguir la paz mundial, la corrupción de los gobiernos se ha incrementado, se ha avanzado poco en Seguridad Social y los derechos de justicia universal han avanzado lentamente cuando no han retrocedido en aras a una supuesta seguridad. Podríamos poner muchos más ejemplos.
Barak Obama ha creado expectativas de cambio y ha generado ilusión e interés por la política, a través de su gran capacidad de comunicación. Pero lo más grave que puede pasar es que no pueda cumplir las promesas, puesto que los cambios que deben realizarse requerirán decisiones confrontadas a estructuras que van a reaccionar muy duramente.
Si se defrauda la ilusión colectiva ésta tarda mucho tiempo en recuperarse, y nuestro mundo no está para perder el tiempo.