El Conseller de Agricultura y Alimentación, Joaquim Llena ha conseguido llenar varias páginas de periódicos debido a su decisión de firmar un acuerdo con Caprabo para promocionar ciertos productos de origen catalán en sus supermercados.
Todavía no se sabe a ciencia cierta ni la cantidad ni el concepto, que ha ido variando según iban apareciendo opiniones en prensa, aunque lo que se discutía no era el fondo de la cuestión sino las formas. Es lógico por una parte que un conseller ayude a promocionar los productos que se generan en su territorio, y es más, yo diría que se incluyen entre las obligaciones de su sueldo. Pero cuando no se hace con equidad, lo que al principio es positivo, se puede convertir en negativo, que es precisamente lo que ha pasado.
Todo esto nos lleva a una reflexión importante. Nuestros políticos deben de distinguir entre el TODO y la PARTE, o viceversa. Me explicaré. La mayoría de las veces cuando se toman decisiones para ayudar a un grupo determinado, están ¿convencidos? de que generan beneficios para la comunidad, nada más alejado de la realidad.
Ayudar a un grupo o entidad determinada no significa ayudar al bien común, sino que es una cosa distinta, ya que por lo general oculta una prebenda o pago de favores ocultos. Cuando leo en los boletines oficales las ayudas, subvenciones, dádivas que se dan a grupos particulares, creo que mis impuestos no están bien gestionados.
Felicidades a Miguel Ángel Fraile, Secretario General de la Confederación de Comercio, pues por esta vez ha sabido defender valientemente una postura que otros han silenciado.