Lo que está sucediendo en el Partido Popular tiene toda la lógica de una auténtica catarsis- Un proceso de depuración como los que, en mayor o menor grado, padece un partido que pierde las elecciones y lo intenta justificar internamente, por el número de votos obtenidos, que intenta ganar un poco de aire retocando sus contenidos y estrategias, pero sin querer afrontar grandes cambios.
Mariano Rajoy sigue sin admitir su responsabilidad y traslada casi toda la culpabilidad a un equipo que le fue impuesto, que representaba una imagen excesivamente derechizada y con estrategias basadas en un no a casi todo, lo que les llevó a un aislamiento absoluto y provocó una fuerte crispación de la vida política, aunque el gobierno no fuera ajeno a ello.
La renuncia-marcha de los dos arietes, Zaplana y Acebes, da un cheque en blanco para que Rajoy pueda formar su equipo, pero la pregunta es si será suficiente sino va acompañado con un programa, que se visualice, de una oposición capaz de pactar los grandes temas de Estado, a la vez que crítica con el gobierno, descubriendo sus desaciertos e incumplimientos, sin demagogias.
Es decir, creible como alternativa. La verdad es que no hay líder sin programa y estrategia, pero para ejecutarlo también se necesita un líder. Se ha convocado el examen. Veremos si lo pasa el opositor Rajoy.