A pesar de las expectativas generadas me parece que no pasaron de ser unos debates como los del “Estado de la Nación” que se celebran cada año en el Congreso. Parece que dos debates han sido suficientes por ser repetitivos en cuanto los planteamientos de ambos contrincantes. Lo que va a quedar claro, por lo menos, es que, según se acusan mutuamente, ambos son unos mentirosos. Y que siguen encastados en las formas de actuar que vimos durante toda la legislatura.
¿Qué pasaría si tuvieran que celebrar 25 debates como llevan ya Obama y Hillary Clinton?. Sería tan doloroso como aquello que dicen de “mear y no echar gota”.
No sé quien ha ganado. Si yo hubiera sido el árbitro hubiera enseñado más de una tarjeta amarilla y alguna que otra roja. Lo que más me ha divertido es el espectáculo de la llegada de los protagonistas a las respectivas sedes de sus partidos, como si fueran dioses inmortalizados. Por favor, por lo menos, sean críticos, y realistas. Piensen que hay muchos electores que no son militantes activos, y desean acuerdos entre los dos grandes partidos en los temas de estado, y que muestren discrepancias educadas en otros programas. Coherencia y lógica.
Alguna cosa tienen de positiva estos debates, y es que están ayudando a incrementar el número de electores que acudirán a las urnas. Empezamos por el 60% y hoy dicen las encuestas que superaremos el 70%, y esto sería muy positivo. Veremos que pasará el día 9.