El martes publicamos en esta web un informe de Hispalink según el cual Catalunya va a crecer este año siete décimas menos que Madrid. De hecho, las previsiones de ese estudio apuntan a que esta última crezca un 2,6%, mientras que Catalunya lo haría al 1,9%.
En ese mismo momento, el Parlament de Catalunya tenía sesión plenaria y el tema en el que estaban enfrascados nuestros diputados era como evitar que se aplicara la tercera hora de castellano que el ministerio de Educación español fijó como una obligación en el conjunto del país.
Como poco, no me negarán que la cuestión es curiosa. El informe de Hispalink parece además excesivamente optimista y hace sus estimaciones en el marco de un crecimiento del conjunto de la economía española para este 2008 de un 2,3%, una cifra en la que hoy ya nadie cree (se está hablando de un abanico entre el 1,5% y el 2%). Si las cosas fueron como probablemente van a ser y España creciera menos de lo que dicen los de Hispalink, la situación en Catalunya seguramente serían aún peor. Pero, por lo que se ve, nosotros tenemos otras cosas de que preocuparnos.
En mi último comentario en este blog ya abordaba tangencialmente este tema: como una minoría consigue imponer sus preocupaciones sobre la realidad de un país. No puedo dejar de reflexionar sobre ello. ¿Realmente ustedes piensan que el problema más importante de este país en este momento es cómo burlar una directiva del ministerio para dar una hora menos de castellano? Me cuesta trabajo creerlo.
En Euskadi, la vida política gira en torno a la consulta popular sobre la autodeterminación en que se ha empecinado el lehendakari Ibarretxe. Pues bien, este jueves, el prestigioso sondeo Euskobarómetro aseguraba que sólo el 24% de los vascos respalda esa consulta.
Pero no hay otros debates que adquieran esa importancia: sobre la economía, la inmigración, la educación desde una perspectiva amplia, la misma construcción europea...