El martes de la semana pasada estuvo David Madí en el programa La plaza. Lógicamente le preguntamos por la disputa en torno a la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (TV3, Catalunya Ràdio y otros). Una disputa nacida al calor de la renovación de los cargos del Consejo de Administración que impone una nueva ley, nacida para -no se rían aún, por favor- despolitizar los medios públicos de comunicación.
David Madí soltó la perorata previsible: CiU se opondría -lo que en realidad suponía un veto ya que se necesitan los 2/3 del Parlament- a la designación de Albert Sáez, o cualquier otro nombre del tripartito si no se discutía antes otras cosas más importantes como filosofía del proyecto, garantía de pluralidad, etc., etc. A micrófono cerrado, yo le insistí a Madí: "En realidad, ¿de qué estamos hablando?". A regañadientes, Madí me añadió a todas aquellas cosas tan maravillosas la más prosaica de que CiU quería decidir también sobre nombramientos del organigrama.
El sábado, el diario El País llevaba la confirmación de lo que Madí me había anticipado en privado. ERC, CiU y el PSC habían llegado a un acuerdo no sólo para renovar el Consejo de Administración sino también para repartirse los nombramientos de los cargos de los directores de TV3, Catalunya Ràdio y otras emisoras, del jefe de programas de TV3 y otros cargos más. ¡Todo ello, por supuesto, en aras a avanzar en la despolitización de los medios públicos de comunicación!
Ahora ya sí pueden reírse... o llorar, como prefieran.
¡Y pensar que luego van todos ellos juntos del bracito al Colegio de Periodistas a establecer la ortodoxia deontológica!
Ayer, casualmente, me encontré con un amigo que trabaja en TV3. "¿Cómo estás?", le pregunté en lo que no pretendía ser más que una manera afectuosa de entablar una conversación. "Esperando las cuotas", me dijo con un semblante de preocupación.
El reparto de los cargos en base a cuotas partidistas se llevó a cabo sistemáticamente en Italia y el fenómeno se conoce como lottizzazione y llegaba a afectar hasta los jefes de redacción. En Italia, el sistema devino en un formidable mecanismo de corrupción que acabó tras la irrupción del movimiento judicial Manos Limpias. ¡Qué lástima que Carod haya perdido aquella foto en la que estaba tan gracioso eseñando sus manos polite como eje de su campaña electoral!