Recordaba recientemente el semanario La Clave que, a finales del 2001, el Círculo de Economía presidido entonces por Salvador Gabarró, hoy presidente de Gas Natural, ya publicó un informe criticando la baja inversión estatal en Catalunya. Decían que el Gobierno central, liderado por Aznar, alentaba a las empresas públicas privatizadas a instalar su sede en Madrid y perjudicaba el desarrollo autóctono. El informe provocó un lógico revuelo y un cierto debate, hasta el punto que el propio Jordi Pujol, en aquel momento presidente de la Generalitat, salió a la palestra y dijo que nunca hasta entonces las inversiones del Estado habían sido tan elevadas en Catalunya.
Eran otros tiempos, claro. Aznar gobernaba entonces con el apoyo de CiU, aunque para ello había tenido que hacer cursos de catalán en la intimidad. No hacía falta reclamar ningún derecho a decidir porque quienes lo tenían que hacer ya lo hacían.
La Clave refresca la memoria a colación de unos datos contenidos en el Anuario de la Caixa según los cuales entre el 2000 y el 2005 la economía catalana pasó de representar el 19,4% del PIB de todo el Estado al 20%, mientras Madrid aumentaba su participación del 14,4% al 16,8%. Lo bueno para Catalunya sería que en unos años no muy buenos ha continuado ganando "cuota de mercado"; lo menos bueno, que está creciendo bastante menos que otras áreas con las que compite.
Viniéndonos a tiempos más recientes, les recomiendo la lectura de un artículo de un hombre al que creo que hay que leer: Josep Ramoneda. Se titula "El fatalismo de las crisis". No lo suscribo al 100 por ciento, pero es brillante, como suele ocurrir. También he disfrutado con la incursión del ex-secretario general de las CCOO de Catalunya, Josep Lluís López Bulla, y Carles Navales en el debate sobre las estructuras. El artículo tiene un título menos contundente: "Una oportunidad para la modernidad"