Me quede con las ganas de comentar la sentencia condenatoria a Federico Jiménez Losantos por sus cuitas con el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón. A tenor del revuelo que tal resolución judicial ha creado entre los obispos casi se hacen innecesarias más palabras que poner en el montón: es obvio que tienen un problema con la COPE, como es obvio que no saben cómo resolverlo.
La salida del escenario del ínclito Losantos no sería, en cualquier caso, una solución a la deriva que vive la derecha española. Acaba de ser propuesta para la secretaria general del PP renovado (ese que Rajoy quiere rejuvenecer sin marcharse), a la responsable del partido en Castilla-La Mancha, María Dolores de Gospedal.
Buenas fuentes en esa zona me explican que la susodicha es una representante sólida del opusdeísmo más recalcitrante. Así que pasaremos de los Legionarios de Cristo que mandaban en el PP, a los todopoderosos clanes del Opus Dei. ¿Renovación? Llámenle como prefieran, pero lo más correcto sería decir supervivencia forzada.
Nada, que si en el oasis catalán las cosas andan como acostumbrábamos, en el rancio lago de la derecha siguen pescando las mismas truchas. Más de lo mismo, o dicho de otro modo, menos de lo que necesita un país que debería contar con una derecha liberal y cosmopolita. Y de poco sirve que la populista Esperanza Aguirre sigue fotografiándose con gays y transexuales.
Al final lo más bonito del panorama serán los pantalones del chándal que luce Luis Aragonés. Un poema.