El oasis catalán ya tiene cargos para sus medios de comunicación públicos. Para la dirección general de la antigua Corpo ha sido designada, después de un gran lío político, la periodista y cajera de lujo Rosa Cullell. Ésta, a su vez, ha demostrado que la costra nacionalista que denunció el diputado Joan Ferran sigue mandando en la televisión pública catalana y ha nombrado directora de TV3 a Mònica Terribas.
Cullell tiene un currículo brillante, aunque ella no lo sea tanto. Llegó en un buen momento a La Caixa y de la mano de Josep Vilarasau se atrincheró en la directiva actuando fundamentalmente con una fidelidad a prueba de bombas hacia su jefe. Mujer de filias y fobias, no dejó gran recuerdo entre los que la acompañaron en aquella etapa. Hábil para dominar los tiempos, logró marcharse de la caja antes de que largaran a su jefe. Se fue colocada, como se arreglan las cosas en la meritocracia del oasis catalán, pero no triunfó en Edicions 62.
Después de deambular por algunos consejos, fue nombrada directora general del Liceu y tampoco allí triunfó como gestora. Pero, como es una representante de las buenas familias catalanas y como es capaz de seducir a socialistas y convergentes al alimón, Rosa Cullell ha conseguido finalmente el consenso de ambos. Peor le fue con los representantes sindicales del Liceu, y especialmente con los operarios de mantenimiento, que le dejaron un inolvidable recuerdo encima de su mesa que es la comidilla de la Barcelona informada.
Cullell es fundamentalmente una superviviente de las clases altas, pero no mejorará la televisión catalana. Ni por convicción, ni por capacidad. Ni tendrá arrestos, ni recursos. Es más fácil seguir blandiendo una sonrisa y acumular otro cargo al currículum que ejercer con vehemencia una responsabilidad que pagamos entre todos. Así que seguirá habiendo costra nacionalista, sobre todo teniendo en cuenta que Mònica Terribas será la encargada de dibujar el futuro de la televisión. En ERC se frotan las manos, como no podía ser de otra manera ante esta enfant terrible de las noches nacionalistas televisivas.
Lo que no entiendo es por qué razón no han nombrado a Antoni Bassas director de Catalunya Ràdio, emisora pública en la que pontifica puntualmente a las ocho de la mañana como si aquel micrófono fuera su púlpito personal y no un medio de comunicación que se debe al servicio público.
Vamos, que el mapa del tiempo de TV3 seguirá dando las nubes y claros de los "Païssos catalans", aunque no seamos capaces de sacarnos la borrasca de encima.