No por esperada está siendo sorprendente esta minicrisis que vive el partido único de la derecha española. Cuando una única formación electoral reúne tantas corrientes de opinión, algunas de ellas incuestionablemente contrarias a las otras, suceden estas cosas. Le pasó a la Unión de Centro Democrático en su momento, que es justo el mismo que se vive ahora: se acaba el aglutinante de tocar pelo (ejercer el poder) y no se vislumbra en el horizonte posibilidades razonables de tocar algo en un periodo razonable de tiempo. Llega, pues, la desbandada.
Con la marcha de Ángel Acebes parece claro que alguien ha lanzado el grito en la sede central del Partido Popular: ¡Maricón el último! Y eso que todos damos por descontado que el último será Mariano Rajoy, que como buen gallego se aferrará al honor del capitán de barco a la deriva y dejará que las ratas salgan de la embarcación, antes incluso que las mujeres y los niños. Pero con este frenesí transeuente, el último en salir se puede quedar sin empleo en Telefónica, que además de ser la compañía de nuestras fobias parece dispuesta a convertirse en un orfelinato de la derecha casposa española y de algún que otro reducto opusdeístico.
Con Acebes se va el aroma a chulería de señoritingo, igual que con Eduardo Zaplana se fue el tufo a especulador caciquil que transpiraban las paredes de la calle Génova. Pero que nadie se llame a engaño. Con un congreso de refundación pendiente, Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos planificando el futuro de la derecha, Esperanza Aguirre velando armas, Alberto Ruiz Gallardón preparando su apoteosis olímpica y Manuel Fraga entre dos barrios, lo que le espera todavía al PP puede ser un culebrón de prime time.
Tanto es así que las hostias que se están repartiendo en el PP de Cataluña parecen de patio de colegio, y eso que a más de uno le duelen. El día que el megacrack de Manuel Pizarro anuncie que no soporta más que le manden (que es tanto como decir que no ha venido a servir, sino a servirse) empezará de verdad la travesía del desierto popular. Esperen, no tengan prisa, veremos pasar cadáveres por delante de nuestras ventanas. Ahora, de verdad, van a purgar los desatinos de los últimos cuatro años del Gobierno de Aznar, con su 11-M incluido.
A quien lo merece, siempre le llega su San Martín decía mi abuela...