Pensaba abstenerme de opinar en toda esta precampaña y campaña electoral. No abstenerme en las urnas, que ahí ya les confesé cuál iba a ser mi voto zapateril, sino en este blog. Pero lo cierto es que no daba con un tema que pudiera sustituir el frenesí político que vivimos en los últimos días.
Así que decididamente les daré mis tesis sobre estas elecciones. La mayor es que, pese a que algunas castas dirigentes catalanas les duela en el alma, a Cataluña le interesa mucho España. Comprobarlo es fácil: basta con analizar una serie histórica sobre la participación de los catalanes en las elecciones al Congreso y al Senado y compararlo con el nivel de votantes que se registran, también en serie histórica, en las sucesivas elecciones autonómicas.
La distancia en favor de las elecciones generales es indiscutible. Siempre he escuchado análisis en los que se dice que el diferencial tiene que ver con el escaso interés de las zonas urbanas y del área metropolitana barcelonesa por los asuntos autonómicos. Pero esa es una falsa explicación interesada y simplista. El asunto es más sencillo, al catalán le interesa España aunque se niegue a confesarlo y eso sea políticamente incorrecto en este territorio. Interesa, y mucho.
La audiencia de los debates cara a cara entre los candidatos del PP y del PSOE también es una variable a analizar. A Cataluña, le interesó el show televisivo y lo siguió en proporciones que señalaban con claridad que aquí si hay un hecho diferencial es fundamentalmente el que propician los partidarios de la exclusión, quienes cultivan la diferencia y el de aquellos que miran por encima del hombro a su vecino según utilice una lengua u otra para expresarse.
Así que a muchos les puede fastidiar, pero España interesa más en Cataluña que la propia Cataluña. Guste o no, es un hecho.