
Malos tiempos en el PP. Buenos tiempos para sus dirigentes más rancios, extremistas y casposos, que parecen salir victoriosos, al menos momentáneamente, de la batalla cruenta que se ha dirimido por el futuro del liderazgo en esa formación política.
No soy uno de esos españoles progresistas que están seducidos por las formas versallescas de Alberto Ruiz Gallardón, un político que bajo apariencias liberales amaga uno de los sustratos más radicales del discurso conservador del PP. Pero, puestos a comparar, menos simpatía aún me provoca Doña Esperanza Aguirre, una de esas señoras aristocráticas a las que me resultaría casi imposible dirigirme sin el doña por delante. Espe no es sólo una pija madrileña, es también la demostración iconográfica de la inflexibilidad política. O blanco o negro, nada de matices ni grises por en medio, que suficientemente gris es su actitud.
Pero me da pena que a Gallardón, un hombre que quiere probar, se le niegue de esa manera tan autoritaria el pan y la sal. El País lo revela en su portada hoy:
“Si Mariano pierde, tú y yo
estamos en iguales condiciones”
Con esa frase parece que Aguirre le dejó las cosas claras al alcalde: todos en la misma posición de partida, que en esto de las carreras electorales no hay pool position que valga.
Está por ver si el PSOE es capaz de aprovechar, en términos de rédito electoral, esos pasos aparentemente falsos de Mariano Rajoy. El primero, incorporar a su equipo a un Manuel Pizarro que despierta tanta animadversión en determinadas zonas templadas de la sociedad que difícilmente constituirá un revulsivo para acortar diferencias con los socialistas. El segundo no es otro que dilapidar el capital político del que se había investido Gallardón, justamente en esa zona medi del electorado, el mal llamado centro, capaz de dejarse seducir por mensajes formalmente correctos y por garantías reales de que nada iba a suceder en nuestro reciente Estado del bienestar si la derecha moderada volvía a recuperar el poder político.
En esas estamos mientras en Cataluña todo sigue igual: hace un calor insoportable en nuestro puñetero oasis...