La crisis del mercado residencial en España ha provocado que un elevado número de inversores inmobiliarios haya decidido traspasar las fronteras de nuestro país. Los más “chic” han elegido Manhattan (Nueva York) como destino prioritario de sus adquisiciones; en cambio, algunos de los más atrevidos han escogido un país de Europa del Este. Hace tres años prioritariamente fue Polonia, en el último ejercicio preferentemente ha sido Rumania.
Los primeros piensan que el precio de la vivienda en las calles más emblemáticas de las grandes ciudades nunca deja de subir y estiman que en el mundo no existe nada tan distinguido y selecto como algunas zonas de Manhattan (por ejemplo, Upper East Side) Desde mi perspectiva, cometen un considerable error. En un corto período de tiempo, el gran número de despidos efectuados por el sector financiero empezará a provocar una oleada de ventas de viviendas y una elevada disminución de su precio. Históricamente, cuando éste cae, lo hace en una medida muy superior en las ubicaciones emblemáticas que en otras donde la principal fuente de demanda es la clase media. Aunque en los próximos años el dólar se aprecie con respecto al euro, es muy probable que la subida de su valor no compense la bajada del precio de la vivienda.
Una buena proporción de los segundos invierte en determinadas naciones de Europa del Este creyendo que lo está haciendo en la España de 1986 o 1998 (año inicial de los dos últimas fases alcistas). Es decir, buscan el Eldorado Inmobiliario, pensando que éste simplemente se ha trasladado de país. Aunque en algunas de sus ciudades el mercado residencial tiene buenas perspectivas, en la mayoría de ellas es sumamente peligroso, no existiendo en ningún país del área la combinación de elevada rentabilidad esperada y gran seguridad (tal y como sucedió en nuestra nación en las fechas anteriormente indicadas). No obstante, confían en su “olfato inmobiliario” (adquirido en el día de su nacimiento) y “know – how” (por ejemplo, consecución de recalificaciones express) para conseguir rentabilidades anuales cercanas al 100%.
En numerosos casos, a los adquirentes no les importa que el país destino de su inversión viva notoriamente por encima de sus posibilidades (el caso de Bulgaria y Rumania) ni tampoco que exista un elevado exceso de oferta de viviendas en las ciudad elegida (la situación advertida en Varsovia). Al contrario, se sienten seguros de haber acertado cuando ven numerosas grúas en el paisaje. Creo que algunos incurren en un impresionante riesgo, tal y como sucede con aquellos que esperan una rápida recalificación de los terrenos agrícolas adquiridos. A estos últimos inversores, que parece que jueguen a todo o nada, les aconsejo que eviten desplazamientos innecesarios, pues en España existen magníficos casinos.
Si uno no quiere invertir en el extranjero, no le queda más remedio que esperar a que aparezcan los “chollos” en el mercado nacional. Empiezan a verse algunos, pero ni mucho menos los que habrá el próximo año. La vivienda seguirá cayendo de precio, aumentará la disposición a negociar por parte de promotores y propietarios de pisos y cada vez habrá más activos interesantes en...