Hay veces que, por muy bien que se estén haciendo las cosas, por bordadas que salgan las cosas, uno tiene una bestia negra que acabará derrotándole en sus propósitos. El ejemplo más superficial es sin duda la selección española, que tiembla ahora que iba tan bien por la ruta de la Eurocopa. Se enfrenta a Italia en cuartos de final. Y un 22 de junio, la fecha en que ha sido eliminada durante los seis últimos campeonatos internacionales. Es cuestión de psicología, quién lo iba a decir. ¿Alguien confía en realidad que sean capaces de vencer a Italia? Italia no es su bestia negra como equipo concreto: lo es simbólicamente, es la representación del techo de cristal que no puede romper.
Bestias negras las hay para todo el mundo y de todos los colores, bueno, colores no porque son negras. Hay algunos políticos que, por mucho que progresen en su carrera, hay cabezas que no pueden cortar y, lo más probable es que sean ésas los que se las acaben cortando. Ejemplos varios en el Partido Popular. Rajoy asciende pero no podrá nunca con Aznar. Costa asciende, pero no podrá nunca con Rajoy. Gallardón asciende, pero no podrá nunca con Aguirre. Aguirre asciende, pero no podrá nunca con Rajoy... Y más.