La semana acaba con las consecuencias de una huelga salvaje realizada en el sector del transporte, que saca a la calle a los eslabones más débiles de la cadena productiva ante la doble crisis que se padece, la crisis de costos por el valor del petróleo y la crisis de falta de contratación por el freno de la actividad económica.
Las consecuencias son malas para los protagonistas del paro salvaje, porque han exhibido unas reivindicaciones imposibles para continuar un paro que va en contra de sus intereses, y sobre todo porque se han dejado su prestigio social, si es que lo tenían, porque han cargado sobre otros trabajadores las consecuencias de una acción poco meditada y de difícil salida, además de trasladar al ciudadano, como siempre, la incomodidad de la acción y los costes especulativos, que empieza a haberlos, del día después.
No vale pasar del cabreo a la acción directa sin una fase previa de intento de diálogo y negociación. Por eso, digo huelga salvaje de difícil justificación. En el cabreo puede haber solidaridad, de hecho las hay. A los ciudadanos nos cuesta más llegar a fin de mes, pero sabemos que esto no es un problema sólo del gobierno de turno. Hay más y corresponde analizarlos, no vaya a ser que perdamos la poca capacidad de análisis que nos queda.
El precio del petróleo está marcando el problema de la inflación, ha habido una guerra como la de Irak entremedio, y sabemos que el dinero que no va a la construcción está entrando, en este momento, en la especulación de las materias primas, ¿qué explicación y acción podemos pensar que se puede hacer en este entorno?
El segundo problema, el del freno económico, afecta a todos los sectores de la economía, hay que recordar que la segunda consecuencia de la huelga del transporte está siendo el paro de fábricas -en mi caso el 80% de la producción-, sin posibilidades de recuperar el tiempo perdido y, por lo tanto, con peligros lógicos de estabilidad laboral, no lo digo como amenaza de nada sino como un dato de la situación que en las PYMES no es noticia, aunque si lo es cuando el protagonista es SEAT o NISSAN. Sin duda habrá consecuencias a lo largo del segundo semestre.
Por tanto MÁS RAZONES PARA CRITICAR el aventurismo de una acción que no ha buscado solidaridad, que sólo ha expresado, y mal, el cabreo latente en la sociedad porque vivimos peor y no vemos clara la solución de nuestros problemas, nos falta retomar antiguos análisis y propuestas que busquen al conjunto de los ciudadanos y no aventuras de corto vuelo.