Es noticia estos días que en la ciudad de Nápoles los servicios públicos no recogen las basuras porque no tienen donde llevarlas, con lo que los ciudadanos sufren los rigores de las bolsas en las calles y existen riesgos sanitarios, más allá de que las cosas que creemos que no pueden pasar en nuestras sociedades avanzadas pasan como en el tercer mundo y supongo seguirán pasando.
Los estudiosos americanos llaman efecto NIMBY, que traducido viene a ser "no en el patio de mi casa", al rechazo de los ciudadanos a la realización de estructuras que pueden tener elementos potencialmente peligrosos o que simplemente sugieran pérdida de valor patrimonial a sus propiedades, además en otros casos de posiciones políticas personales de rechazo al sistema imperante.
Esta suma de factores, que en el caso de Nápoles confluye con un efecto particular muy importante como es el de la Mafia, explica una situación impensable o que no creemos que pueda pasar, la de que no se puedan recoger las basuras por no tener donde llevarlas. En efecto, los servicios municipales diponen de los medios de recogida, pero nuestro desarrollo que sigue tasas de crecimiento de residuos a menudo por encima de las cifras del IPC, precisa de espacios que almacenen, traten , minimicen y eliminen en último caso los residuos y esto con los menores costos ambientales y sociales.
El fracaso en Nápoles del sistema, exige que volvamos a repensar, el tratamiento social del problema, el sistema donde el ciudadano que es el que genera el residuo debe tomar parte, y no sólo pagando la tasa, debe ser activo en la minimización de los residuos, hasta la necesaria profesionalización e inversión pública que sustituya términos como el de vertederos para pasar a la cultura del almacenaje para el tratamiento y reutilización de los residuos y destrucción al final de la menor parte de éstos.
¿Es posible esta reflexión? Posible es en cuanto la hago , pero ¿es aplicable en nuestra sociedad? El momento no es bueno. La falta de liderazgo político, el fracaso inversor que ha llevado a que 100.000 ciudadanos de nuestro país no tuvieran tren, a que la ciudad de Barcelona se quedara sin luz, a que las dos ciudades sanitarias se colapsaran por falta de adecuación de su red eléctrica , hace pensar que lo de Nápoles nos puede ocurrir también. El sistema político español necesita una revisión y los líderes no generan suficente confianza. De seguir así, el pasotismo ciudadano puede crecer aún más. Hace falta, por tanto, un revulsivo. ¿Cual?